domingo, 7 de septiembre de 2014

¡Qué duro es ser madre!

Los pormenores derivados de la crianza de los y las cachorros humanos son conocidos por todo el mundo:
cambio de pañales, cacas apestosas, noches en vela, rabietas descontroladas, chichones involuntarios, vómitos a media noche, cagaleras inesperadas, el paso de pañal a braga/calzoncillo, el tema del chupete: si lo usa porque lo usa y nunca sabes cuándo ni cómo quitarlo, o qué demonios hacer cuando se pierde y si no lo usa, porque recurre al dedo o, si no, en ocasiones no sabes como calmar a la criatura; cansancio acumulado, reseteo mental, monotema cuando hablas con amigos, ojeras, acumulación de trastos, ropas y cachivaches, el ir durante años empujando de una silla, carro o aparato con ruedas en el que técnicamente sólo debe ir un bebé, pero que en realidad va cargado con el bebé, el hermano mayor, las bolsas de la compra, la ropa de repuesto del cole, la mochila de los primos y alguna cosa para el vecino (la cosa empeora cuando la silla es gemelar, porque caben más cosas), por no hablar de los cambios físicos del cuerpo de la madre, algunas partes vuelven a su sitio original, otras.... digan lo que digan.... cambian para siempre.
Todo lo dicho anteriormente lo tenía asumido cuando decidí emprender la gran aventura de la maternidad,  aunque lo del reseteo mental y el cansancio acumulado no me lo imaginaba así, Pero lo que no me había planteado en ningún momento es que terminaría escalando árboles para rescatar pelotas atascadas ni mucho menos que terminaría trepando por la pared de una caseta de madera en un parque de un recóndito lugar del fin del mundo para coger el frisbi  de mi primogénito.
El pequeño buscó el palo, el mediano lo trasladó hasta el lugar de los hechos, y yo, intrépida de mí, me subí por el lateral mientras ellos me guiaban, ya que debido a mi estatura no veía por encima del tejado: "¡más arriba!", "¡por ahí no mamá, para el otro lado mejor!", 10 minutos después daban saltos de alegría y yo me bajé orgullosa. Durante toda la operación debió llegar otra madre al parque, porque no recuerdo haberla visto cuando me subí, cuando me bajé y se cruzaron nuestras miradas le dije entre risas: ¡qué difícil es ser madre!, bueno, eso es lo que yo quería decir, a saber si fue lo que ella entendió.
Estaban tan emocionados los cachorros, que decidieron dar una sorpresa al dueño del juguete, así que fueron a casa, y con los cartones de la leche y los folletos de publicidad le hicieron un envoltorio así de apañao.

Una hora tardamos en todo el proceso, al final ellos contentos y esta madre feliz.

Nota de la autora: para quien no conozca los pormenores anteriormente mencionados recomiendo la lectura de "diario de una madre imperfecta", también disponible en ebook, libro del que muchos y muchas esperamos una segunda parte.



2 comentarios:

Maria Gasca dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJA
Es genial. Me lo he imaginado perfectamente. Nadie duda de tu éxito como progenitora, madre leona. =)

estudiodesign mariana dijo...

Real como la vida misma... te estoy imaginando perfectamente!!

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