domingo, 5 de octubre de 2014

El tiempo es relativo

Hace ya tres semanas que terminó mi "trabajo de escriba" ó curso de finés. El día que terminé tuve una mezcla de sentimientos, por una parte satisfacción, alegría y orgullo por haberlo logrado, por otra.... vacío, incertidumbre, miedo, pereza, ¿y ahora qué?. 
Después de 13 meses en un "corre que te pillo y no llego", "volando con las botas puestas", cuadrando horarios con el padre de las criaturas, retrasando y adelantando el turno de la guarde, haciendo la compra en tiempo record, haciendo deberes a diario e intentado controlar los nervios absurdos e irracionales del exámen semanal; el pasar de un día para otro de no tener tiempo a tenerlo todito para mí, me dejó en estado de shock. No sabía que hacer con tanto tiempo libre, y me agobié. 7 horas enteras para mí y por un periodo indefinido, era algo que me desconcertaba por completo. No había tenido tanto tiempo para mí desde que nació el primer cachorro.
En Madrid habría sido fácil: retomar el barro, quedar con gente y buscar trabajo. A parte de las miles de horas que se habrían ido en dar explicaciones aquí y allá a este y al otro y seguramente en rellenar decenas de formularios y en visitar varias oficinas. 
Pero aquí, aunque tengo claro lo que quiero hacer (seguir estudiando), el miedo a que llegase Noviembre (=oscuridad y frío) sin ningún objetivo claro no me gustaba nada. Tampoco me gustaba la idea de dejar de lado el idioma, porque si en un fin de semana me reseteo, imaginad lo que puede pasar después de casi tres meses hasta que empiece mi nuevo curso, si consigo pasar la prueba de nivel.
Invertí una semana en buscar formación por la mañana, de finés o de otra actividad en la que pudiese practicarlo, pero no había nada que encajase con la planilla familiar. Resulta difícil cuadrar algo cuando el primogénito hay un día de la semana que entra en el cole a las 10 de la mañana, otros dos a las 9, y el resto a las 8,15.
Cuando creía que iba a estar tres meses sin funciones definidas (y las definidas no me entusiasmaban) me agobiaba tener tanto tiempo para mí, ¡qué tontería!, siempre quejándome por no tener tiempo y cuando conseguí tenerlo se me caía la casa encima; pero en el mismo instante en el que firmé unas prácticas hasta navidades el tiempo libre volvió a tener el valor de siempre, más que el oro. Y desde entonces me ha cundido el tiempo muuuucho más, he dejado de vagar como alma en pena y me he puesto las pilas: he hecho experimentos culinarios (menos mal que la manada al completo llegan a la hora de la cena con un hambre que se comerían el dedo grande), bollos ricos, mucha bici, alguna que otra carrera forzada, más bici, y... poco, pero poco, estudio de finés.
¡Qué bien se va en bici! sin tener que ir diciendo: los pies a los pedales; no vayas haciendo eses.... que viene más gente; cuidado con el señor de las bolsas; frena cuando llegues al paso de cebra (¡mejor frena antes de llegar!), utiliza los frenos mejor que los pies.... ¡cómo me gusta pedalear en silencio!, me gustaría aún más en silencio y con las manos en los bolsillos, como hacen mis hermanas, pero de momento me conformo con pedalear en silencio....y mira que me gusta salir con las bicis y la manada... pero de relajado... eso no tiene nada.
Ahora que ya sé que el Lunes vuelvo al cole, estoy contenta; pero estiraría el tiempo libre igual que cada mañana, esos últimos cinco minutos cuando suena el despertador.

2 comentarios:

Maria Gasca dijo...

Ay! Cuando te lea tu quinta hermana... ¡que orgullosa estará de ti y de tus paseos en
bici!

=)

FinlandiaNoEstaTanLejos dijo...

A ver si me pongo en forma y en el ptóximo viaje me apunto a la bicicritica. Con eso ya le da un patatús. Jj.

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