viernes, 3 de octubre de 2014

El síndrome de Frozen


Esta mañana, después de desayunar, preparar desayunos de los pollos, comprobar que llevaban todos los accesorios necesarios, supervisar el cepillado de dientes (el de pelo no, ya he confesado que lo hacemos poco), releer por tercera vez en la mañana que no había ninguna actividad extra en el cole (patinaje, salida al bosque, visita al museo, día del juguete, en breve leeré submarinismo y ya no me sorprenderé) que me obligase a llevar algún artefacto extra, después de asegurarme que cada niño llevaba ambas botas de la misma talla (que no sería la primera vez que el mismo niño lleva en un pie el numero 29 y en el otro en 28), cuando he bajado a la calle, con las prisas que me caracterizan a esas horas intempestivas, ya que subo y bajo varias veces, porque cuando no nos olvidamos la mochila, nos olvidamos los guantes de portero y cuando no la comida para la excursión, o MIS LLAVES, o la cabeza de alguno, me he encontrado a los tres polluelos, la mar de relajados. Estaban echando su aliento a las plantas del jardín. Cuando les he preguntado a qué se estaban dedicando con tanto empeño y afán, se han vuelto los tres a la vez, y con cara extrañada ha dicho uno, "¡no lo ves!, estamos descongelando a las plantas".  Ha sido al pronunciar y escuchar lo que salía de mi boca cuando, por unos segundos, me he sentido como la madre de "los increibles": ¡vale!, pero descongeláis tres flores cada uno, y nos vamos


Se han tomado su tiempo en elegir y al final, hemos conseguido zarpar rumbo al päiväkoti. Por suerte, mi pronóstico de que se iban a pasar el camino al cole descongelando plantas, como en otros tiempos hicieron salvando caracoles y lombrices, no se ha cumplido.


Y ya que estamos con flora y fauna, os confieso que hace un rato, mi pequeño botánico ha descubierto que las hojas de las ortigas no le pican (ha descubierto como cogerlas sin que le piquen), ¡lo que  pica es el tallo! ha dicho con una sonrisa que se le salía de la cara; ante tamaño descubrimiento otro miembro de la manada se ha animado a recolectar... pero no ha tenido tanta suerte, ha empezado a dar saltos de caballo relinchando. Resultado: la mano llena de granillos. Un pañuelo con agua fresquita, bien atado cuan herida de primera línea de fuego y a jugar..

1 comentarios:

Maria Gasca dijo...

Jajajajajajajajaja ¡Clase de submarinismo!
Bastante espabilado ese cachorro que ha logrado coger hojas de ortigas sin picarse. Realmente lo que pica es el lateral de la hoja. Así que ya sabes... recolectar y haced té.

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