miércoles, 2 de septiembre de 2015

Despedidas

Nos pasamos la vida despidiéndonos.  Idas y venidas, vacaciones, trabajo, visitas, aeropuertos, maletas,... 
Me sorprendo a mí misma al darme cuenta de que no estoy "en casa" y me parece surrealista estar a tantos kilómetros de lo que hasta no hace tanto era mi vida, y me pregunto, ¿de verdad estoy aquí?.
En españoles/madrileños/andaluces/castellanomanchegos/por el mundo, todo el mundo echa de menos las mismas cosas, la familia, los amigos, las cañitas, alguna comida típica y las eras de su pueblo. Y yo.... después de haberme reído de esas frases durante varias temporadas...ahora echo de menos lo mismo, a mi gente, los sabores, los olores .., y en según que época del año, la luz.
Si profundizas un poco más en lo que se extraña,  hay muchos detalles del día a día que no percibes hasta que los echas de menos porque ya no están, de hecho me he dado cuenta que tengo un montón de manías, o, por decirlo de manera positiva, que tengo apego a un montón de cosas y "consumibles" de la vida diaria, que como están siempre no eres consciente de lo importantes que son, algo tan tonto como la marca de desodorante. Luego están cosas tales como: entender a la gente por la calle con un esfuerzo de atención "cero" (disfrutar de conversaciones ajenas en el metro o caminando por la calle- si la que es cotilla es cotilla siempre), poder poner una reclamación a gusto en una tienda, encontrar todos los productos de tu gusto en el supermercado, saber realmente lo que estas comprando, el clima, el sentido del humor, entender las cartas del banco o los papeles del cole sin necesidad de diccionario... 
Dos años y pico después, entendemos más de lo que había imaginado que podría llegar a entender, pero ...lo que yo pienso que es automático y sin esfuerzo... al parecer para mi pobre neurona debe ser un esfuerzo tremendo, porque caigo rota en la cama o en el sofá al terminar el día. Aunque misteriosamente me repongo cuando llegan "l@s visitantes", en esos momentos quiero ser la última en irme a la cama, soy consciente de que el tiempo de las visitas es limitado y hay que amortizarlas al máximo, aún a riesgo de ser una pesada.
Cada vez que vienen visitas, lo disfrutamos a tope: preparando la habitación, llenando la nevera de cosas que les gustan, planificando viajes y salidas, pero cuando se marchan..., la casa queda vacía. Una amiga se reía de mí el otro día cuando le dije que siento que cuando se van la casa se queda en silencio. ¿silencio en tu casa?, y se reía, pero sí, pasamos de ese estrés (en positivo), de esa alegría a.... nada. El ruido y las risas se cambian por las sábanas y las toallas tendidas.
 

Lo mismo nos pasa cuando volvemos a Finlandia después de haber estado unos días en Madrid, necesitamos más ruido, más movimiento, más.... de algo que no puedo describir. "Más caña", como dirían MiniÍñigo y Nicolás". Supongo que cuando nosotros volvemos, mi familia.... tras el alivio inicial que sienten cuando nos marchamos, sentirán lo mismo, no en vano me llevo siempre conmigo a mis "chicharras", que parece que se despierten con pilas duracell, y que dejan la nevera tiritandito después de varias horas de juegos, carreras y paseos.
Siempre se promete que la distancia no será el olvido, que se seguirá en contacto y se hablará con frecuencia. Internet lo facilita y otras nuevas tecnologías con estos teléfonos tan bien dotados también, pero aunque se hagan grandes esfuerzos, las cosas siempre cambian y la distancia duele para tod@s. No obstante, siempre queda reservado un huequito para los que se van (y los que se van reservan el correspondiente sitio para los que se han quedado) para poder llenarlo en los reencuentros. Para cuidar ese hueco hay que hacer esfuerzos: llamadas, visitas, mensajes, mails,... porque aunque la distancia duele, la constancia ayuda a que se pase mejor.
Hoy es uno de esos días de maletas y cambios, se han ido "los MiniPollos", con los que nos hemos reído mucho, ¡qué salaos son los enanos!. Esperamos que vuelvan pronto, la próxima vez, con nieve, antes de que sigan creciendo, mientras puedan heredar los monos de astronauta de los chicharras porque al ritmo que crecen, cualquier día nos adelantan, a l@s adultos, digo:).


4 comentarios:

Marta M. dijo...

Hola. me gustaron mucho tus palabras y son muy sentidas. Efectivamente nos pasamos la vida despidiéndonos pero cuando soms nosotros los que empezamos una nueva vida lejos de los nuestros añoramos hasta los olores... en mi tierra se llama 'morriña'...Muchos ánimo y por lo menos siempre te quedarán las visitas... seguimos en contacto

De oeste a este ( y viceversa) dijo...

No sabes como te entiendo, nosotros en 6 años de idas y venidas hemos experimentado diversos sentimientos, o mas bien diria yo, porque los peques no creo que se coman tanto la cabeza, aunque tambien les pasa como a mi en eso que explicas de que cuando estas fuera tu cerebro hace el esfuerzo y crees que vives normal, pero cuando vuelves a España te das cuenta de que no hace falta ningun esfuerzo con el idioma, todo se oye y se lee de forma instantanea y todo es tan facil y sencillo que asombra. Esta vez echo mucho de menos a la gente, hemos paseado mas que nunca, he querido empaparme de la gente, de la ropa diferente, los estilos diferentes, los cuerpos diferentes, las costumbres como vestir mas de domingo que aqui no existe, el ver a niñas vestidas para pasear, con sus vestiditos elegantes veraniegos, sus sandalias a juego, sus lazos en el pelo, cosas que aqui no existen!, o ver a nenas con vestidos ibicencos, con bolsitos a juego, ver niños comportarse diferente, ver adultos disfrutar de paseos y terrazas..esta vez ha sido la vez de la gente como yo digo, me he dado cuenta que es lo que mas echo de menos, mas incluso que comer chorizo o Tostaricas, que como dices eso tambien son pequeñas cosas del dia a dia que si no las tienes terminan por hacer un cumulo que te quita como calidad de vida, pero la gente es lo que ahora mas echo de menos, gente que se exprese como nosotros, que haga ironias, bromas, los mismos gestos que nosotros. Nos hemos acostumbrado tanto a lo de aqui que cuando volvemos encontramos ciertos gestos rudos, la primera semana nos cuesta adaptarnos, pero luego sale a flote la memoria genetica o como se quiera llamar, y sabes que perteneces a ahi, que todo es mas facil y natural, que te sientes feliz y comoda con casi todo, que la gente es mas variada ( la sociedad japonesa es tan igual que es tremendamente aburrida, apenas hay extranjeros, no hay casi mezclas, y lo poco que hay es todo asiatico mientras que en España lo mismo ves gente de ojos azules y rubia, que pelirroja, morenos, achinados, de color, extranjeros, de otras nacionalidades...).

Bueno volver a la rutina es duro, los años te dan cierta experiencia en manejar todo eso, pero el problema sigue ahi y seguira, eso es cierto, y en parte es bueno, sabemos a donde pertenecemos :) . Un abrazo y mucha fuerza para todos!! seguimos en contacto.

Susana Gasca Escorial dijo...

Si, son muchas las cosas que se echan de menos, cosas pequeñas como un sabor o un olor; pero pensemos en positivo, tambien son muchas las cosas por descubrir.:).
Gracias Marta.

Susana Gasca Escorial dijo...

¡HOLA JAPÓN!
Sí, es verdad lo del humor. A veces gasto bromas en el trabajo y no las pillan, aunque....en mi caso...puede ser debido al tema del "idioma", jjj.
Y lo de la ropa, en eso mismo se fijó mi amiga el otro día, como mis pollos son "chandal Adictos", ya me había acostumbrado. No hay manera de ponerles un pantalón vaquero, si van cómodos así, les dejo hacer.:)
¡La gente!, díselo a las pobres salmantinas que vinieron a visitarnos en agosto, cuando llegaron....tenía (yo) tanta necesidad de hablar, que aunque lo intentaba no conseguía callarme. ¡si que se echa de menos a la gente!!!!, menos mal que van haciendo turnos para venir a visitarnos.:)
Saludos desde Finlandia.

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